De la gripe de 1918 al COVID-19, 102 años de cambios en Japón – スペイン風邪からコロナまで

By 6 de julio de 2020Caminando

Pandemia mundial desatada por el SARS-cov-2

La pandemia mundial de la gripe de 1918 creó en el país del sol naciente una serie de consecuencias de largo plazo que cambiaron muchos aspectos de la propia sociedad actual japonesa.

Aunque a efectos de la “Restauración Meiji” (1868-1912), Japón ya había iniciado un proceso hacia una “occidentalización” revestida de modernidad, quizá la pandemia generó una serie de hechos a diversos niveles que impactaron incluso en la visión previa a la 2ª Guerra Mundial, pero sus efectos saltaron a décadas posteriores y nuevas pandemias a las que el país nipón se debió enfrentar, incluyendo la última y quizá la más ーtristementeーfamosa para quienes, a día de hoy, estamos vivos.

Uno de los aspectos principales que generó la gripe española en la sociedad japonesa fue la importancia del modelo científico en las sociedades modernas e industrializadas, que era a lo que en su momento, el Japón de inicios del siglo XX aspiraba. Países como Reino Unido y los EE.UU. ya hacía tiempo que despuntaban en tecnología, siguiéndoles a la zaga, Alemania y Francia.

Pero no era solo una necesidad industrial, en la que Japón había iniciado ya un importante despliegue. No todo era industria. La innovación tecnológica era obviamente fundamental, pero la investigación médica ya despuntaba como un factor determinante, quizá no tanto desde la visión del estado del bienestar actual, sino más como un modelo de mantener saludables a los trabajadores de la industria y, sobre todo, a mantener la salud de las tropas. No debemos olvidar las acciones expansionistas de Japón, y como su experiencia a nivel estratégico generó un impacto inmenso, ¿qué haces si tu ejército enferma?

Muchas de las decisiones que se toman entre 1919 y 1920 parten de una fuerte influencia de científicos y especialistas en salud. Quizá no todas fueran acertadas, pero teniendo en cuenta los conocimientos de la época, salieron relativamente bien del trance tan complejo que atravesaba el planeta entero en ese momento.

La ascensión de varios destacados científicos en la estructura de las decisiones que tomó en aquella época el archipiélago asiático generó efectos que, ahora mismo, siguen siendo marcadamente visibles, y cierto es que de aquellas situaciones tan complejas se generó una serie de especificidades que han perdurado hasta el día de hoy, y que además han causado y siguen causando numerosos efectos a nivel social.

El cubre-bocas o mascarilla y la higiene en Japón

Quizá el más relevante sea el uso del famoso cubrebocas, por el cual, en Japón desde entonces, usarlo ha sido una costumbre que se ha visto muy arraigada en la sociedad nipona. Pero, aunque incluso los aspectos relacionados con el distanciamiento social sean más complejos de lo que parece, no es normal darse la mano o besarse cuando te presentan a alguien. Es algo cultural, pero lo curioso de todo esto, es que a posteriori en el metro de Tokio se apilen diariamente unos 8 millones de personas, las cuales, a pesar de esa cultura de distanciamiento social, van sumamente aprisionadas en los abarrotados vagones del metro.

Eso sí: es cierto que la cultura de la higiene está tremendamente anclada y que incluso en los colegios los niños deben ponerse a limpiar. Existe otra versión sobre el hecho de que los japoneses deben aprender desde bien pequeños a hacerlo, y este hecho está ligado a aspectos más religiosos o filosóficos relacionados con el budismo, con el sintoísmo, y con la tradición Osoji. Esta última tiene su origen en un ritual japonés de fin de año. Dicho ritual consiste en limpiar la casa o el negocio a fondo, para que las personas puedan así comenzar un año nuevo estando purificados y limpios física y espiritualmente. 

El efecto del respeto se incluye en la base de esta tradición, por lo que, si te enseñaron desde niño a limpiar, no solo lo verás como algo normal, y así no pensarás que quien limpia tiene un trabajo indigno, como sucede en muchos lugares del mundo. No es que en Japón no haya personal profesional encargado del aseo en las escuelas. Los hay y se conocen como yomushuji (用務主事)Sin embargo, el o-soji es una tradición en las instituciones educativas y tiene raíces budistas.

La cultura de la limpieza y el COVID-19

En definitiva, hay una cultura de la limpieza arraigada que se incrementó a raíz de las distintas epidemias, incluyendo la tuberculosis, que afectó mucho a Japón a principios del siglo XX. Esa cultura de la limpieza, orden y disciplina está fuertemente asentada en el país, y tras las diferentes pandemias, (no solo la de la gripe del 18), esta actitud se potenció. De hecho, los propios médicos lanzaron fuertes arengas relacionadas con la importancia de mantener un alto nivel de higiene. Así que todos esos factores se combinaron para generar la cultura que poseen actualmente de pulcritud. La misma que, por cierto, no era tan común en la sociedad japonesa de mediados del siglo XIX.

Pero todos estos efectos generaron un impacto muy poderoso, ligado a la política expansionista del Japón imperial; tanto que en 1940 la expansión por el sudeste asiático fue tremenda.

Y en dicha expansión, nuevamente el ejército nipón tuvo que tirar de la mano de sus médicos, ya que las enfermedades de las tropas eran frecuentes, sobre todo en las zonas tropicales. De hecho, los manuales de prevención de enfermedades del ejército japonés fueron utilizados posteriormente por EE.UU. como modelo a usar. Incluso en la serie M*A*S*H (Ambientada en la guerra de Corea), se hace referencia al mismo en uno de sus primeros capítulos.

Tras la debacle de los bombardeos nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki y por ende, la posterior rendición, el país se enfrentó nuevamente a otro desafío. Resurgir. Y lo hicieron desde una posición nada favorable, con fuerzas de ocupación en suelo nipón. Una nación destrozada con una inmensa deuda, y un pueblo desmoralizado.

Y nuevamente, decisiones de tipo científico tomaron relevancia en cómo el país salió adelante y se convirtió en una potencia mundial, “ganando” a EE.UU. en lo tecnológico y económico. La pasión por fabricar con gran calidad también se extendió a la medicina y a otras ramas de la ciencia, aunque Japón es conocido por la robótica, la biotecnología, la nanotecnología o las energías renovables, es, además, el tercer mayor fabricante de automóviles a nivel mundial y uno de los mayores productores de electrónica de consumo, pero también hay que destacar que sus avances científicos son considerables. De hecho, se ha mantenido siempre en el top 5 de innovación e investigación científica a nivel global y asimismo el gasto de investigación en I+D solo era superado por los EE.UU. hasta la irrupción de China, siendo hoy el tercero de la lista.

Tal es el nivel de compromiso y conciencia sobre la necesidad de ser punteros en investigación que incluso le dieron, y le dan, muchísima importancia y relevancia al uso de las vacunas, pero sobre todo a la producción de las mismas por compañías nacionales.

La vacunación en Japón se declaró obligatoria para los escolares en 1962, y aunque en 1994 se elimina la obligatoriedad, esa voluntariedad es prácticamente un deber, ya que la inmunidad de grupo es altamente valorada y desde 1920 los médicos japoneses hablan de la gran responsabilidad que conlleva. De hecho, el país ha tenido desde 1950 una serie de políticas activas destinadas a la producción de vacunas y suministros médicos con la tecnología consecuente a través de las empresas niponas.

Realmente ese efecto de no depender de terceros en caso de pandemia está muy integrado en el modelo de prevención médica, y razón no les falta. Solo hay que ver como se ha vuelto loco medio mundo pidiendo suministros médicos a China, quien se ha convertido en una fábrica para el planeta. Bueno, o al menos de casi todo.

Todas esas costumbres, como la de usar mascarillas, que ya en 1920, o en 2009, con la gripe porcina, provocaron que las mismas se agotaran en el mercado, literalmente, han ocasionado que, desde entonces, la producción en Japón no haya dejado de crecer.

Y esa cultura de la mascarilla ha recibido refuerzos en el tiempo. Por ejemplo: con la pandemia de la gripe asiática (H2N2) en 1957, o la gripe de Hong Kong (H3N2) que llegó a Japón en 1968. Luego la epidemia de la influenza (H1N1) en 2009, y posteriormente el SARS. Es decir, que para el japonés medio lo de usarla habitualmente, es algo normal, ya que esto se originó en 1918.

Y de igual forma, el efecto sobre la limpieza en general. Por ejemplo: en Japón lo primero que hacen en cualquier restaurante al tú entrar es darte una toalla húmeda, en algunos numerosos casos con desinfectante y cierto perfume, para que puedas limpiarte las manos. Es algo automático y muy habitual. De la misma forma que no es normal ofrecer o dar propina. En algunos lugares puede resultar incluso una ofensa.

Vemos que, aunque en la actualidad el gobierno japonés sigue pensando que las familias mantienen la misma estructura de los años 70, donde la mujer estaba en casa, es decir, el “hogar típico japonés”, la realidad es bien diferente, y quizá este alejamiento de la realidad familiar ha creado más de una decisión complicada que ha tenido que ser suplida por las familias, usando la capacidad japonesa para adaptarse al cambio imprevisto, de una forma mucho más serena que en occidente.

Este cambio en la estructura social de Japón es, posiblemente, un efecto de la globalidad, a la que el establishment japonés no estaba acostumbrado. Sin embargo, la propia Oficina de Estadística del país del sol naciente, (que acuña este término en los 70) ya lo ha desechado. O los estudios del Instituto Daiwa de Investigación, donde han radiografiado a la sociedad nipona actual, o el Instituto Nacional de Investigación de Población y Seguridad Social, quien estima que la proporción de hogares de un solo miembro alcanzará el 39% en 2040. Es decir, esa investigación destinada a la previsión sigue ahí, y acaba condicionando las políticas de los gobiernos, y no al revés, como suele suceder en otros países. Y muchas de estas posturas, desde este planteamiento, no sólo social, sino organizativo, adopta forma a raíz de los hechos sucedidos entre 1918 y 1920 debido a la terrible pandemia que sufrió todo el país.

Probablemente, mucho de lo aquí reseñado, haya sido un hecho fundamental para que los efectos pandémicos de la SARS-Cov-2 hayan llegado ser mucho menores que en el resto del mundo, teniendo siempre en cuenta que la población de Japón es la más envejecida del planeta.

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