El lamento silencioso.
El caminar pausado sin pausa. El cansancio sin recalo.
El suicidio de las palabras.
El artista mudo.
El soldado sin mando.
El tren a ninguna parte.
La noche sin luna.

El otoño desaparece en la bruma del tiempo.
El ocre brillante de las hojas define el momento.
Cada descenso grácil juega caprichosa con las hojas, con la brisa.
Hermanas amarillas se amontonan, se hacen y deshacen, se despistan.

Las estelas de tiempo.
La imperdonable línea de Cronos.
El azote del minuto.
La agonía del segundo.
La cana que duele.
La arruga que sangra.
La visión brumosa.
La permeabilidad del sentido.

El cielo lleno de párrafos, relata tu historia.
El ayuno del tacto y la piel, se sabe artero.
Cada día atravesado, araña tu memoria.
Tu acierto desencajado, abate el sendero.

El objetivo nulo.
El deceso de la idea.
La pasión dolorida.
El beso salado.
La excusa del retorno.
La caricia amarga.
La escarcha del sudor.
El tsunami en el pecho.

El legado en tu hacer, define el mundo.
Dulce herida saber que estás en él.
Tanteas la lisonja del vagabundo.
Nunca olvides que eres el timonel.

El rechazo del limbo.
El anhelo del sendero.
El rastreo del aplomo.
La serenidad hermana.
La amante de la quietud.
La lluvia catártica.
El pétalo que perfuma.
El susurro amigo.

Donde habitan acordes huérfanos en busca de musas.
Donde hadas de dulce metal te miman por un momento.
Donde menos escuece el tiempo abriendo las exclusas.
Donde el frío de las almas encuentra cálido aliento.

Allá donde la mirada del sosiego derrota al ogro triste.
Allá donde me espero cada tarde y falto a mi compromiso.

— D. Solanes.

Locutora: Laura Llorca (https://laurallorca.com)

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