Indoloro

By 18 de junio de 2019Caminando

Había pasado toda la noche esperando el sonido de un SMS, se pueden saber tantas cosas a través de ellos... es curioso como las ideas complejas a veces en un par de líneas se clarifican, se mueven sentimientos e intuiciones con una destreza insólita, sorprendente y a veces eternamente dolorosa.
No contestaban, al otro lado de la línea todo estaba callado, extraño, muy extraño. Tras esperar el tiempo habitual y prudencial para sacar conclusiones, empezaron a venirme a la mente las posibilidades por las cuales no contestaba Laura y no eran positivas.

Tras un par de horas esperando regresé al laboratorio donde me esperaban los cálculos resueltos de la secuencia del genoma de una nutria. En las más de cuatro pantallas que describían gráficos y secuencias, tenía ya resultados. Volví a mirar la pantalla de mi teléfono esperando un pitido con una explicación, luego miré el frigorífico donde estaban los sueros y cultivos experimentales, uno de ellos podría dotar al ser humano de nuevas y espectaculares capacidades. Pasé el resto de la noche sin poder dormir trabajando e intentando emplear mi mente en alguna tarea que hipotecara toda mi energía, pero cuanto más pasaba el tiempo más claras tenía las conclusiones posibles de el por qué Laura no contestaba ni a mensajes ni a llamadas, un par de horas más tarde, me dormí, desperté con la marca en el teclado en la cara, pensando que era muy tarde, pero sólo había sucumbido al cansancio por dos horas y media. Me metí en la ducha y fui a donde estaba el colgador de llaves en la entrada, busqué el llavero con el nombre de "Laura" y decidí llevarle su ordenador portátil, no podía ser que no lo utilizara, debía estar demasiado ocupada. Demasiado.

De camino a su casa los pensamientos se me amontonaban en pilas que se derrumbaban volviendo a generarse continuamente.

¿Cómo es posible que no me haya dicho qué le pasa? ¿se encontrará bien? Estoy asustado.

Cuando llegué a su casa primero piqué a la puerta, nadie contestó, volví a picar pero nadie abría. Entonces me asusté más, saqué la llave del bolsillo y conteniendo la respiración la introduje en la cerradura. "clic, clic, clic..." Cuando ya iba a a abrir apareció Laura desnuda. Me dijo que esperara un momento y en treinta segundos apareció con unos vaqueros y una camiseta, recogió sus cosas las puso en la entrada y salimos del portal.

Supongo que podía haber preguntado muchas cosas, pero en ese momento sólo pude balbucear una pregunta.

¿Estás bien? sabes que llevo horas esperando que me digas algo?
Perdona, no vi los mensajes, en serio, me decía mientras me señalaba el camino que debíamos tomar.

El calor apretaba en julio pero el fuego que estaba empezando a moverse en mi interior era mucho más denso y oscuro. Sabía cuál era la siguiente pregunta que iba a hacerle, sabía perfectamente por qué no había podido entrar en su casa como de costumbre, así que esperé. Esperé a que volviéramos de cualquier sitio para volver al portal de su casa.
Entramos en el supermercado cualquiera, cualquiera hubiera valido. Compró un par de latas de zumo preguntándome a posteriori si quería té. Salimos y a la vuelta, fui yo el que señalé el camino de vuelta.

Necesitas ducharte. le dije.

Cuando llegamos a la puerta y ya era inevitable, le pregunté directamente.

Tienes a alguien dentro, ¿sí?
Sí.
Me voy.

Andaba porque era un acto automático, respiraba por lo mismo y los pensamientos amontonados ya tenían una imagen clara. No. Mil imágenes claras, cristalinas e infinitamente dolorosas. Incesantes. Volví a escribir esta vez para decirle que hubiera sido más fácil si me lo hubiera dicho antes, pero realmente no creí que fuera así. Los dedos volaron sobre el teclado del teléfono y disparé el cartucho con la tecla de envío.

Tus cosas te esperan en casa.

Apenas abrí la puerta de mi casa, traté de ordenar la avalancha desordenada y punzante que me venía en todos los frentes posibles. No podía, estaba en shock, un shock ensordecedor que no me dejaba escuchar ni mis propios pensamientos, "no lo he puesto fácil, no lo he puesto fácil" me repetía para poder mitigar el dolor licuado en mi pecho.

Me dirigí al laboratorio y posé la vista en el refrigerador con muestras de sueros, pensé en que alguno de ellos podría eliminarme la capacidad humana de sentir, que podría volverme más animal, pero sólo era una fantasía puesto que estaban hechos para generar mutaciones en seres humanos. No me di cuenta ni de cuando estaba clavando la jeringuilla en la ampolla de cristal, pero si me di cuenta de cuál era el compuesto que estaba extrayendo con succión lenta observado el émbolo de la misma. Sonaba bien, tener cualquiera de las bondades de un felino, sonaba bien. En el momento en el que estaba apunto introducir la nueva información en mi ADN, sonó el timbre de la puerta, era Laura, conocía su forma de picar al timbre, la conocía a la perfección. Saqué la aguja de la vena hinchada y abrí la puerta.

Hola, Dijo
Hola, ¿tienes algo que contarme?
Tengo muchísimas cosas que contarte.

Era muy difícil poder imaginar una buena excusa, tremendamente difícil, pero le dije que esperara un momento y que mejor bajáramos a la calle, no quería que ella estuviera en casa En mi casa.

De camino al banco que estaba cerca de la estación no quise hablar y ella no dijo nada. Una vez sentados, Laura trató relajar el ambiente con algunas risas nerviosas, luego me digo:

Te amo. Lo siento.

No era capaz de encajar las piezas, no había hilo en el mundo suficiente para coser los jirones deshilachados, todo lo que había pasado en muy poco espacio de tiempo. A su afirmación, se me ocurrieron muchas frases, pero casi todas eran frases construidas desde la rabia así que respiré hondo y le dije con la voz engolada por un llanto incipiente:

No te lo he puesto fácil, Laura, lo sé, sé que no soy capaz de definir mis sentimientos y eso puede hacer que se despisten las personas con las que quiero tener una relación, estoy seguro de que en muchos casos cuando pasan estas cosas hay una razón. Asumo mi responsabilidad pero, te odio. Te odio durante cuatro segundos y luego vuelvo a pensar en que no es así, luego pierdo el aprecio por la vida y luego te vuelvo a odiar durante unos segundos más.
He visto tus ojos, dijo he comprendido en un momento todo lo que escondías y necesito que sepas que tu eres la persona que amo, por fin te has dejado ver, siento con todo mi corazón que haya tenido que ser de esta manera, pero después de luchar mucho intentando saber que sentías y cómo, lo he podido entender.
El que no entiende nada ahora, soy yo, o tal vez lo que entiendo no me gusta. No quiero seguir hablando porque sé positivamente que voy a empezar a lanzar frases capciosas y no estoy seguro de que lo merezcas y aunque lo merecieras no sé si sería capaz Ahora, si me permites, necesito acabar con un trabajo urgente.

¡¡No lo hagas!!

Laura me conocía mejor de lo que creía, no podía saber cómo y qué sentía pero sabía que estaba a punto de hacer algo que no podía acabar muy bien, miré sus ojos llenos de lágrimas y me gritó en llantos:
¡Perdóname, de verdad, perdóname, por favor! ¡todo es culpa mía!

Pero yo sabía que pocas cosas en la vida son de una responsabilidad unidireccional, así que negué con la cabeza doliéndome la garganta por el nudo que estaba petrificándose en mi nuez.

He de irme, y salí corriendo.
¡Te puedo esperar mucho tiempo! ¡seré paciente!. Oí entre brumas.

Acabé cerca de una cafetería sin saber exactamente dónde estaba Saqué el suero del bolsillo y esta vez sin pensar, cargué la jeringuilla, encajé el inyector en la carótida y disparé el contenido. 

26 Noviembre 2011.

Segunda parte: Mutación

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