El cuento de Momotarō es uno de los cuentos más famosos de Japón sino el más famoso de todos. No conozco a ningún niño ya mayor que no conozca la canción y te la tararee sin dudarlo a la de tres. Sin embargo, no muchos japoneses conocen que todos los personajes están basados en personas que existieron y que en el santuario de Kibitsu (吉備津神社) se haya honorado Kibitsu-hiko-no-mikotosama (吉備津彦命様), quien en la ficción es Momotarō.

El siguiente relato es mi versión personal del famosísimo cuento.

El cuento de Momotarō

Hace mucho mucho tiempo, una abuelita y un abuelito vivían contentos en las montañas de Okayama.

Un día, la abuelita salió a lavar la colada al río y a recoger un poco de leña para calentar la casa. Cuando andaba lavando, de repente vio a lo lejos como un melocotón gigante se acercaba hacia ella flotando y cimbreándose por las azoradas corrientes. La abuelita, sorprendida, trató de acercarse hacia donde estaba el enorme melocotón. Haruka que así se llamaba la dulce abuelita, buscó una rama que le ayudara a rescatar el melocotón. Alcanzó apresuradamente a cortar una grande con el pequeño hacha que llevaba en el obi, su humilde pero funcional cinturón. Así consiguió sacarlo de la corriente del río y llevarlo a tierra. Con esfuerzo pero pensando en el suculento postre que prepararía para la cena, lo llevó a cuestas hasta la casa.

Ya en casa el abuelo Take-san observaba absorto el tamaño de la fruta y de repente notó que se movía y que de su interior brotaba el balbuceo de un niño. Entonces Haruka-san tomó un pequeño cuchillo y con sumo cuidado, logró abrir el melocotón para descubrir que dentro había un niño, sano, fuerte y que le sonreía. Al instante Haruka-chan, quedó absolutamente fascinada y con el corazón palpitando de emoción. Rápidamente lo acunó tapándolo con sus prendas de abrigo y dándole el calor y acunándolo mientras Take-san enmudecido y lloraba de alegría pensando en que los dioses le habían traído un hijo a la familia. El hijo que siempre habían querido.

Por fin, mientras veía a su mujer llena de amor acunando al niño, dijo ¿cómo le vamos a llamar?.
Taro es el nombre que siempre quise para nuestro hijo.
¿Momotarō, no te gusta más?dijo Take-chan.
Momotarō se va a llamar.

Momotarō creció fuerte, fuertísimo. Desusadamente poderoso y sano al calor del hogar de los dos adorables abuelitos.

Un día, llegó a los oídos ya del adolescente Momotarō que un ogro y sus secuaces, que vivía en Onigashima 鬼ヶ島, una isla cercana a la población, desembarcaba en el pueblo arrasando y robando el oro, arroz , víveres de todo tipo y las magras riquezas de los amables habitantes de Nagawa.

El joven Momotarō entró en cólera y decidió a Onigashima a enfrentarse con el malvado ogro.

—¡Pero Momotarō, hijo!sollozaba su madre ¿cómo vas a enfrentarte con ese horrible ogro? Tengo mucho miedo.
No te preocupes mamá, sabes que soy muy fuerte. Sabré cómo vencerle y así todos en Nagawa podrán volver a ser felices.

Su padre, en silencio pero con el rostro sombrío de preocupación, miraba Haruka-san con resignación.

Abuela, no hay remedio. Momotarō es un niño con un corazón que brilla de aquí hasta Edo. Su nobleza no le deja soportar tanta injusticia.
Mañana mismo partiré hacia Onigashima dijo decidido Momotarō.

Haruka-san pasó toda la noche cocinando una receta de kibidango un dulce muy especial hecho a base de arroz una especialidad que sólo conocía ella. Pero en esta ocasión el ingrediente especial con el que lo cocinó era el inmenso amor que le tenía a su poderoso hijo.

A la mañana siguiente, mientras Momotarō se preparaba para su partida, Haruka-san le dio un zurrón lleno de kibidangos y le dijo.

Querido hijo, lleva estos kibidango contigo. Te darán fuerza y valor. Recuerda que estás en nuestros corazones y que te amamos muchísimo.
Gracias, mamá y papá. Os quiero mucho. ¡Volveré!

Caminando com paso decidido por el bosque llegó a las puertas de Nagawa y oyó el roce incesante de una rama contra el suelo. Cesaba, se oía como pensaba alguién pensaba en voz alta y volvía a oirse ras, ras, ras. Curioso, Momotarō apartó unos matorrales intentando saber de donde procedía todo aquello. Al hacerlo, se encontró con un perro con magulladuras y el pelo desordenado que escribía en el suelo cuadrados, pequeños círculos y palotes.

¿Qué haces?preguntó Momotarō.

Sin quitar la vista de su extraño dibujo, el perro le dijo.

Desde el último ataque del ogro de Onigashima y sus secuaces, no paro de buscar la forma de acabar con él se giró hacia su interlocutor, y mirándole siguió hablando. Intenté detenerle pero solo recibí golpes y a penas pude caminar durante tres días. Trato de dar con la mejor estrategia para proteger lo que pueda en cuanto me recupere y añadió, estoy hambriento y herido.

Y así era aunque en su voz sonaba con temple, deteriorada pero serena.

Disculpa mi atrevimiento pero, ¿tendrías algo para comer?

El joven echó mano de los kibidango que le había preparado su madre y le dijo.

Prueba este kibidango tan especial que llevo en mi zurrón y se lo ofreció sonriente a Inu-san.

Unos segundos después de que el perro acabará con el kibidango saboreándolo y disfrutando cada uno de los bocados, comenzó a notar como las fuerzas volvían a él y las heridas y magulladuras sanaban con una velocidad pasmosa.

¡Este kibidango es una maravilla! dijo casi gritando y contento Inu-san.

Momotarō lo miró sonriente y le dijo.

Mi nombre es Momotarō y voy a Onigashima a derrotar el ogro que tanto daño hace al amable pueblo de Nagawa. Únete a mí y vamos juntos a acabar con tanta injusticia. Tienes buenas mandíbulas y eres inteligente. ¿Quieres ayudarme?
¡Sin duda, Momotarō-san, vamos a por ellos!

Y así Inu-san y el joven Momotarō se encaminaron con paso firme hacia Onigashima.

A media tarde se encontraron con un faisán maltrecho, con plumas cayéndose y tratando de levantar el vuelo sin éxito.

¿Estás bien?Preguntó Momotarō.
Sí, bueno... no mucho. Me acabo de caer de ahí arriba y señaló la cima de un altísimo cedro. Estoy tratando de subir a la copa para seguir vigilando, por si viene el oni y los demás, y así avisar al pueblo para que traten de prepararse en la medida de lo posible, pero desde la última visita que nos hizo casi no me he podido recuperar. Luché y luché para evitarlo pero no pude con tantos, especialmente el oni es muy fuerte relataba con la voz entrecortada pero con tono valiente. ¿No tendrás algo de comer para mí?, estoy hambriento y herido.
Amable Momotarō-san, por qué no le das un exquisito kibidango de los que llevas en el zurrón le preguntó Inu-san a Momotarō, pero éste ya estaba echando mano y en unos segundos ofrecía a Kiji-san un flamante y reluciente kibidango.

Kiji-san lo picoteó un par de veces y luego lo empezó a saborear sonriente mientras notaba como sus heridas sanaban y sus plumas crecían en fracciones de minutos.

¡Este kibidango es una maravilla! Contento revoloteaba poderoso.

Entonces el joven le dijo:

Mi nombre es Momotarō y mi amigo guerrero que está a mi izquierda es Inu-san. Onigashima a hacer morder el polvo al ogro que tanto somete y daña al amable pueblo de Nagawa. Únete a nosotros y vamos juntos a acabar con tanta injusticia. Tienes un pico duro, eres valiente bondadoso. ¿Quieres ayudarnos?
¡Sin duda, vamos a por ellos!

Acto seguido los tres amigos con sus armaduras, katanas y naginatas, se dirigieron hacia la isla del desagradable oni. Y cuando estaban buscando una embarcación para zarpar hacía Onigashima, oyeron un alboroto en una cantina cercana.

"¡Pim!, ¡pam!, ¡pom!".
¡No vuelvas por aquí! gritaba el camarero empujando al Sr. Mono fuera del local.
Ya, ya... sin empujar que soy una persona, bueno una persona-mono, bueno, un honorable mono... ¡Yo qué sé!y rió con la socarrón mientras agarraba la botella de sake.
¡Dame eso se lo arrancó de las manos con fuerza, cuando lo puedas pagar, te lo llevas!Seguía gritando el camarero mientras entraba y ordenaba y llamabas a la calma al resto de parroquianos que estaban dentro del local. Afuera, el Sr. Mono trataba de sentarse en el bordillo desplomándose.

Los tres amigos asistían atónitos al espectáculo y rápido acudieron a saber si podían ayudarle

Saru-san, ¿se encuentra bien?Preguntó Momotarō.
Perfectamente. Bueno, un poco mal. No, mal del todo y volvió a reír socarrón.
¿Qué ha pasado?¿Por qué Harada-san le ha echado de la taberna?
No me está yendo muy bien últimamente. Desde los últimos y terribles saqueos del ogro de Onigashima y sus amigos. Peleé y acabé con varios de ellos. Me hirieron, claro. Me robaron todo lo que tenía y destrozaron el dōjō donde daba clases de esgrima y jiu-jitsu.

Inu-san susurró al oído de Momotarō.
Está hambriento y herido.
Entonces Kiji-san añadió ¿por qué no le das un kibidango de los que llevas en tu zurrón?. Pero el amable Momotarō ya lo estaba ofreciendo a Saru-san con una sonrisa.

Lo tomó y lo olió, lo comió con sumo gusto mientras que en el acto notaba como el sake de su sangre se disipaba y sus heridas desaparecían.

¡Pero.. este kibidango es una maravilla! Revitalizado e imparable.

Saru-san, mi nombre es Momotarō y mis amigos guerreros que aquí me escoltan son Inu-san y Kiji-san. Nos dirigimos Onigashima a acabar con el ogro y sus secuaces que tanto hace sufrir a los habitantes del pueblo de Nagawa. Únete a nosotros y vamos juntos a acabar con ellos. Tienes grandes habilidades, eres astuto y valiente. ¿Quieres ayudarnos?
¡Sin duda, vamos a por ellos!gritaba Saru-san con el corazón lleno de energía.

Los cuatro amigos soltaron las amarras de una pequeña embarcación y se dirigieron a la isla de Onigashima.

No os miento si os digo que la batalla fue encarnizada y feroz. Cada uno utilizaba su mejor baza para atacar y vencer a uno por uno a los demonios secuaces. Finalmente Momotarō tuvo el combate con el ogro. El ogro era tremendamente fuerte y aunque todos le atacaban, neutralizaba los ataques con destreza. Momotaō fue salvajemente golpeado y casi perdió la consciencia, cuando estaba en el suelo decidió tomar el último kibidango que le quedaba. Al hacerlo la fuerza de Momotarō se triplicó y arremetió contra el ogro que finalmente fue derrotado.

Inu-san, Kiji-san, Saru-san y Momotarō volvieron a Nagawa con todas las riquezas recuperadas y todos vitoreaban y agradecian lo valientes que habían sido los cuatro guerreros. Fueron grandes amigos y la leyenda cuenta que encontraron la felicidad y formaron una bonita familia, y que los hijos de todos ellos fueron grandes guerreros que siempre lucharon contra la injusticia llevando como estandarte la pureza de corazón y el honor.

Epílogo

En la red ferroviaria

El cuento de Momotarō ha calado tanto en el inconsciente colectivo de los japoneses, que se ha utilizado en varias ocasiones para propósitos publicitarios. Un claro ejemplo es el de un anuncio que encontré en el tren de camino a casa con la imagen de un famoso ukiyo-e de Momotarō.

“En el mundo de los negocios, podemos ver que lo que puede hacer cada uno de acuerdo a sus habilidades cambiando el ambiente de trabajo para un mejor servicio “
Lámina de ukiyo-e utilizada.

Otro ejemplo sería el habitual consejo de "buena educación" que suelen poner en los pasillos que trata de concienciar a la población.

En los servicios de logística

El grupo empresarial Maruwa ofrece un servicio de mensajería donde muestra a Momotarō en todas sus unidades de transporte, distribución y paquetería.

"AZ-COM es un negocio de logística de terceros, proporcionado por el Grupo Maruwa. Es un concepto para resolver todos los problemas de logística que preocupan a los clientes a través de la comunicación. Adquisiciones, ventas, logística en la tienda y soporte permanente en todas las áreas que no están sujetas a conceptos preestablecidos.·

En los medios audiovisuales

También la marca Pepsi hizo una versión francamente interesante y muy cinematográfica del cuento en el que todos los personajes guardan una épica muy elaborada e interesante. Todo ello orquestado con una tema absolutamente brillante para la ocasión de la banda "The Heavy", publicado en el álbum "The Glorious Dead" llamado Same Ol'.

Aquí los cinco capítulos de la personal interpretación de Pepsi.

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