El pequeño FuriBee F36 desapareció en un vuelo nocturno cuando una ráfaga de viento lo elevó un poco más de lo esperado. En ese momento bajé el «stick» del acelerador sin demasiado control porque dejé de ver el led de posición… y desapareció. Traté de mantener la calma porque, por muy barata que sea esta pequeña maravilla, comprar on-line es esperar semanas y además, es mi FuriBee 🙂
Me apresuré a ir hacia la zona donde presumiblemente había caído accionando la linterna de mi móvil. Enlacé la emisora y ésta enlazaba bien, ergo: el dron estaba cerca y con batería. Sin embargo no sonaban las hélices. Al rato de estar buscando, una mujer apareció diciéndome que me había visto buscar algo, que luego oyó un ruido (las hélices rotando), y que parecía que alguien lo había pisado, tal vez. Que si era esta la cosa que yo estaba buscando.
Anteriormente tenía otro FuriBee F36 que ya estaba en «la estantería», ese lugar en el que residen aquellos drones que ya no funcionan o que ya jubilaste, etc. Así que estudié la mejor forma de optimizar la reparación.
El motor de trasero derecho estaba fundido. Pero el resto del dron estaba intacto. Si aprovechaba el motor que funcionaba del naranja y sustituía el dañado del cyan, podía revivir el animalito.
Y así lo hice.