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Sin embargo… y sin embargo …

Viernes, 5 de Marzo de 2010

Issa Kobayashi, un gran poeta japonés. Debió ser un hombre muy, muy sensible; un gran poeta, uno de los más grandes poetas haiku.

Cuando sólo tenía treinta años, ya había perdido a sus cinco hijos; cinco hijos habían muerto cuando él llegó a los treinta años  casi todos los años se le murió un hijo. Después murió su esposa, y casi enloqueció de angustia, de sufrimiento.

Fue a ver a un Maestro Zen. El Maestro Zen le preguntó: "¿Cuál es el problema?".

Issa dijo: "Mis cinco hijos han muerto y ahora ha muerto mi esposa. ¿Por qué hay tanto sufrimiento? No puedo ver el motivo. ¿Cuál es la explicación? No le he hecho nada malo a nadie, he vivido lo más inocentemente posible. De hecho, he vivido muy apartado. No me relaciono mucho con la gente  soy un poeta, vivo en mi propio mundo. No le he hecho nada malo a nadie"

"He vivido una vida muy pobre, pero era feliz. Ahora, de pronto, mis cinco hijos han muerto y mi esposa también se ha ido  ¿por qué hay tanto sufrimiento, y sin motivo alguno? Debe haber una explicación''.

El Maestro Zen le dijo: "La vida es como una gota de rocío en la mañana. Está en la naturaleza de la vida el que la muerte ocurra. No hay explicación; la naturaleza de la vida es así. No es necesario dar ninguna razón en particular. La naturaleza de la vida es similar a la de una gota de rocío: queda suspendida durante un rato sobre una hoja de hierba; una pequeña brisa y ha desaparecido, sale el sol y se evapora. Es la naturaleza de la vida. Recuérdalo”.

Issa era un hombre de profunda inteligencia. Lo entendió. Regresó y escribió un haiku. El haiku dice:

"La vida, ¿una gota de rocío? Sí, lo entiendo. La vida es una gota de rocío. Sin embargo... y sin embargo ... ».

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